miércoles, 26 de octubre de 2016

JOSÉ ANDRÉS RÁZURI





JOSÉ ANDRÉS RÁZURI

Cuando el 6 de agosto de 1824, la caballería independiente reunida en una sola masa, desemboca en la pampa de Junín por la estrecha quebrada o paso que conduce de Chacamarca a Reyes, fue cargada por los escuadrones realistas. Las condiciones del terreno no le permitieron a nuestra caballería replegarse en batalla, razón por la cual recibió formidable choque formada en pequeñas columnas de medios escuadrones. No obstante su vigorosa resistencia, la caballería peruana sentíase amenazada por una inmensa derrota siendo rudamente acuchillada por las fuerzas realistas; pero fue entonces cuando el general patriota Guillermo Miller a cuyo lado galopaba el ayudante Rázuri manifestóle a éste que comunicara al Comandante Suárez, jefe del “Húsares del Perú“, la orden de replegarse con sus jinetes a lugar más seguro.
Rázuri alcanzó a Suárez cuando la caballería española, enardecida por la persecución que llevaba a cabo y embriagada con la perspectiva del éxito que creía suyo, daba la espalda a los jinetes del "Húsares del Perú".
Era llegado el momento estelar para las armas patriotas: Rázuri, apreciando con visión genial la situación creada por el dramático entrevero bélico en lugar de trasmitir la orden de retirada díjole al comandante Suárez: ¡Bella ocasión para una carga, mi comandante!
La insinuación de Rázuri y la decisiva acción de Suárez lanzaron a los 100 hombres del 1er. escuadrón del regimiento 'Húsares del Perú", al toque de "degüello", como una tromba sobre las desorganizadas fuerzas españolas. Bruscamente, la caballería realista volvió grupos dándose a una vergonzosa fuga. Rázuri y los peruanos que tomaron parte en esa acción de armas ascendieron en un raudo vuelo de valor y de heroísmo desde la llanura de Junín hasta la cima de la gloria.
Este héroe de la caballería peruana que había nacido en San Pedro de Lloc el año 1792 alcanzó la provecta edad de 91 años falleciendo el 4 de enero de 1883 en el mismo lugar donde vino al mundo, no sin antes haber tomado parte con igual ardimiento patriótico en la batalla de Ayacucho y en la acción del Portete de Tarqui.

En justo homenaje a sus altas virtudes militares y de prócer nacional, la Patria le otorgó condecoraciones y ascensos que él supo ostentar siempre dignamente, y desde 1947, el regimiento de caballería N°9 lleva su glorioso nombre.

ANDRES ALFREDO CÁCERES


ANDRES A. CACERES

Andrés Alfredo Cáceres nació el 10 de noviembre de 1836 en la ciudad de Ayacucho (*); forjó su carácter sobre las bases de la disciplina y el cumplimiento del deber en las aulas del Colegio Nacional de Ayacucho e ingresó al ejército el 13 de mayo de 1854, con la clase de alférez, dándosele de alta en el batallón “Ayacucho".
Cáceres, contagiado por el entusiasmo que despertaba Ramón Castilla, estuvo al lado de éste, acompañándolo en las acciones de armas que culminaron en la batalla de La Palma, el 5 de enero de 1955. Más tarde, combatió a Vivanco, cuando éste se sublevó contra el gobierno de Castilla en Arequipa el año de 1858.
En el conflicto con la vecina república del Norte (1859-60).  Formó parte de la expedición que dirigió Castilla.
Al producirse los sucesos de Talambo que tuvieron como consecuencia la guerra con España, secundó el movimiento armado que inició en Arequipa el coronel Mariano Ignacio Prado, estando presente en la gloriosa jornada “2 de Mayo 1866” en el Callao.
En 1879, entró en campaña desde la iniciación de la guerra con Chile, habiendo alcanzado en la batalla de Tarapacá el 27 de noviembre de ese año la más espléndida victoria.
En 1881, aniquilados nuestros elementos navales en Angamos, deshechos los ejércitos que tan heroicamente se batieron en el Sur, caído Bolognesi “quemando el último cartucho” y destruido el ejército de Lima, que fue ocupada por el invasor prácticamente, no quedaban tropas regulares que oponer a las bien dotadas fuerzas adversario. Pero, frente al desastre es cuando y donde surgen las potencias heroicas en los grandes pueblos los que no se abaten ante los desastres, por graves que ellos sean. Tal fue el significado de la Resistencia de la Breña, que encarnara el entonces general Andrés A. Cáceres. Durante dos años, resueltos hombres del Perú se negaron a admitir la derrota, efectivamente consumada y lucharon y sufrieron para dar al Perú sublime lección de bien templada y perseverante energía.
Lo que de él dijeron sus propios adversarios, después de la campaña de la Breña, constituye el mejor elogio de su acción guerrera; con sentida frase y grave entonación, los historiadores certificaron que: “El Brujo de los Andes recorrió sin tregua ni descanso distancias enormes; pasando cordilleras de espesa nieve; atravesando vertiginosos desfiladeros. Ni el hielo de las cordilleras, ni los calores tropicales de los valles; ni la falta de agua y víveres; ni la escasez de municiones y medios de transporte para sus tropas; ni los descalabros sufridos, nada fue bastante para doblegar su voluntad de acero, ni quebrantar sus fuerzas físicas, ni dominar su energía”.
Cáceres es para nosotros la gran figura militar, la figura del peruano gran conductor de hombres. Con él, al frente, no hay esfuerzo que no realicen los soldados a sus órdenes, ni inmolación que no consuman, ni penalidad que no soporten, ni peligros capaces de detenerlos. Durante dos años revivieron los prodigios de las luchas de la Independencia y alcanzaron por su tesón y valor, las victorias de Marcavalle y Pucará.
El genio militar de Cáceres, su energía, su patriotismo, viven en el alma del pueblo peruano que ha rendido a su memoria imperecederos homenajes en mármoles y bronces; y la infantería peruana, legitima heredera de su valor y heroísmo, lo tiene como su Patrono.
Cáceres abandonó la vida terrenal para ingresar a la inmortalidad y la gloria el 10 de octubre de 1923.


 ( * ) Su verdadero nombre era Andrés Alfredo; pero como firmaba Andrés A., sus compañeros de armas creyeron que la mayúscula segunda correspondía a la inicial de Avelino, y lo celebraban siempre el 10 de noviembre, día en que se conmemora a San Andrés Avelino.  Esta rectificación póstuma se debe a sus directos descendientes.

FUENTE: INSTRUCCIÓN PREMILITAR SEGUNDO AÑO DE SECUNDARIA 1963